Aranda y la Ribera

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3.2. El Paisaje

El paisaje ribereño es, fundamentalmente, la huella que, a través de un dilatado proceso, han ido dibujando el Duero y sus afluentes. Construyen un camino de fértiles valles, extensos páramos, suaves laderas... todo ello salpicado por manchas verdes de sotos, bosques y riberas en cuyas márgenes abunda la vegetación.

Esta oposición ofrece contrastes de distintos tipos: perspectivas muy variadas, amplia gama cromática, que evoluciona del rojo en los viñedos otoñales al verde en el cereal de primavera, pasando por un pálido invierno, rica biodiversidad y posibilidades para el aprovechamiento económico.

Encontramos un paisaje que va cambiando cíclicamente a lo largo del año, tanto por el clima como por la actividad del hombre. Sin duda es un ejemplo de paisaje natural “domesticado” como prueban las zonas de regadío, cereal, viñedo y pequeños huertos.

El entorno natural de la Ribera, vestido por el Duero y sus afluentes y la tranquilidad de sus aguas, es un paisaje amable que invita al paseo y la reflexión.

Perfil topográfico

La Ribera del Duero Burgalesa presenta un paisaje diferenciado entre las zonas de páramos y sierra de los extremos este y oeste de la comarca, con cotas de hasta 1000 metros de altitud y los perfiles más suaves de las zonas de la ribera del Duero y sus afluentes, que oscilan entre los 750 y 850 metros.