Aranda y la Ribera

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3.3. Fauna y flora

Las zonas ribereñas ofrecen una diversidad vegetal que proporciona alimento, refugio y agua a un gran número de especies animales, sirviendo de ruta migratoria y enlace entre hábitats.

Las viñas, los campos de cereal y los girasoles conforman la imagen vegetal humanizada de la Ribera, así como la riqueza de los huertos que, junto con los cerezos, manzanos, perales, almendros y nogales ponen la nota de color al paisaje en cada momento del año.

En los meses de otoño, hasta 150 variedades de hongos, como los níscalos, las setas de cardo y boletus, entre otros, pueblan la región.

El pinar ha sido gran compañero de los ribereños, ya sea para enmarcar espacios dedicados al ocio y al esparcimiento como para ofrecer, con su resina, otro recurso de subsistencia a los lugareños.

En los bosques de ribera veremos densas choperas, álamos, fresnos, sauces, olmos, bosques y sotos, dispuestos a dar cobijo a aves rapaces, corzos, jabalíes, zorros o tejones.

Las aguas de sus numerosos ríos dan cobijo a la garza real y a la trucha, al pato e incluso a nutrias en algunos puntos concretos. Aunque quizá lo más notable sea su gran riqueza ornitológica. La vegetación ofrece gran variedad de refugios y por ello abundan los ruiseñores, los cucos, los mirlos y las palomas.

De especial interés son las grandes rapaces que surcan sus cielos como el halcón peregrino, el águila real, la aguililla calzada o el búho real. Y, en zonas rocosas, el buitre leonado y el alimoche.

Cerca de la Ribera se encuentra el Refugio de Rapaces de Montejo de la Vega, de obligada visita para los amantes de la naturaleza, que posee uno de los mejores santuarios para las rapaces ibéricas.

Si, tras el el viaje, el visitante necesitara algún remedio, puede encontrar plantas medicinales como amapolas, espliego, hinojo, malva o melisa.