Aranda y la Ribera

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3.6. Fiestas, tradiciones y cultura

La condición abierta de las tierras de vega, regadas por grandes ríos, dota a sus gentes de un carácter abierto y festivo. Así sucede en la Ribera del Duero, donde sus habitantes llevan disfrutando, desde hace centurias, de animados tiempos de fiesta que hoy comparten con todos los que a ella se acercan.

Tradicionalmente, la vida y las costumbres ribereñas giraban sobre todo en torno al ciclo de las actividades agrarias y las celebraciones religiosas, dos conceptos actualmente muy distintos pero que se compenetraban a la perfección en el pasado, pues eran entendidos como una unidad.

Así, los principales momentos del año se relacionaban con faenas agrícolas, conectando la naturaleza con el calendario religioso: Navidad, Candelaria, Carnaval, Cuaresma, Pascua, Cruz de Mayo...

Además, cada pueblo o comunidad tenía especial devoción a sus santos patronos entre los que se encuentran protagonistas de la historia cristiana, como San Pedro, San Juan o Santiago, aquellos relacionados con la agricultura y la ganadería, como San Isidro o San Antón e, incluso, reconocidos abogados contra diversos males como Santa Águeda, San Roque o los santos médicos Cosme y Damián.

Durante los fines de semana de todo el año, tienen lugar distintas fiestas en la comarca burgalesa de la Ribera: romerías, procesiones, representaciones y ferias culturales o gastronómicas.

Otra tipología de celebraciones populares son aquellas que recuerdan o recuperan costumbres pasadas. Como el Mercado Medieval de las Tres Culturas, en el que Aranda de Duero retrocede varios siglos para recrear la Edad Media, invitando a participar a vecinos y visitantes.

La puesta en escena del Concilio de Aranda de 1473 permite acercarse a uno de los periodos históricos más brillantes de la villa arandina.

También destacan la representación que tiene lugar en Caleruega de “El privilegio de Alfonso X El Sabio”, la Fiesta Romana en honor al Dios Baco en Baños de Valdearados o La Francesada en Hontoria de Valdearados.

Otra muestra del atractivo de las tradiciones ribereñas, y en especial en Aranda de Duero, son sus peñas, asociaciones recreativas y culturales que se dedican a animar y fomentar las fiestas patronales, así como diversos actos culturales populares. Todo ello da vida a las bodegas subterráneas.

Cada peña, además de formar parte activa en las Fiestas Patronales, tiene sus himnos y festividades propias. Y sus miembros, cuyo número va creciendo paulatinamente cada año, personifican esta forma de entretenimiento.

Sus charangas animan el ambiente casi todos los fines de semana estivales con sus famosos pasacalles y permiten que la música y el buen humor inunden los corazones de los ribereños.

El folklore que se transmite de generación en generación es otro valor a tener en cuenta. Y es que la música tradicional de la Ribera, como ocurre con toda la Comunidad de Castilla y León, ha experimentado a lo largo de los siglos distintas influencias culturales, de ahí su gran variedad, siendo la más influyente la jota.

Tanta es la relevancia del folklore en la zona que ha ido adecuándose a los tiempos y las creencias de los ribereños. Así lo muestran los Danzantes de Fuentelcésped y las representaciones de Las Marzas que, aunque reciben interpretaciones muy variadas, expresan la exaltación de la vida y la fecundidad.

Desde 1989 existe en Aranda de Duero una Escuela Municipal de Folklore para acercar su importancia, como elemento inherente a la identidad de la Ribera, a los habitantes de la villa. Su cometido siempre ha sido despertar y fomentar el interés por la cultura de la tierra, con talleres de danzas, dulzainas, percusión y ritmo e indumentaria tradicional.