Aranda y la Ribera

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5.9. Bodegas subterráneas

Dicen que la belleza está en el interior...

En el subsuelo de los principales núcleos urbanos de la Ribera del Duero se esconden las bodegas subterráneas, unas joyas arquitectónicas que conservan casi todo su carácter, incluso con el paso de los siglos.

En la Edad Media, un entramado de túneles, situados a una profundidad de entre 9 y 12 metros, era la mejor opción para conservar el vino sin oscilaciones térmicas, ya que la temperatura es estable entre 11º y 13ºC, así como su nivel de humedad, sin otros efectos como ruidos y vibraciones que podrían dañar su calidad hasta el momento del consumo.

Aunque están repartidas por toda la Ribera, el máximo ejemplo se da en Aranda de Duero. Aquí, a lo largo de más de 7 kilómetros de casco histórico y a través de 135 bodegas, construidas bajo las casas de los habitantes a partir del siglo XIII, bullía la actividad mercantil relacionada con la producción enológica.

La Junta de Castilla y León ha iniciado el expediente de declaración de Bien de Interés Cultural para las bodegas subterráneas de Aranda de Duero. El reconocimiento permitiría proteger estas joyas autóctonas, que forman parte de la identidad de sus ciudadanos, y compartirlas con todos los visitantes.

La mayoría de las bodegas son protagonistas en las fiestas patronales y usadas todo el año por peñistas, turistas y amigos en meriendas, catas privadas, visitas guiadas teatralizadas, celebraciones formales u ocasiones familiares.