Aranda y la Ribera

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1.5. El Aranda ilustrado y guerrillero

En el siglo XVIII, Aranda de Duero recupera la vitalidad perdida y se consolida como foco comercial de la comarca.

La llegada a la villa de nuevos vecinos, con dinámicas propuestas para reducir su dependencia del cultivo de la vid, generó ciertas expectativas de crecimiento aprovechando su ventajosa posición en la red viaria. En este contexto, se introdujeron cultivos alternativos y modernas actividades productivas, mientras las tradicionales iniciaban un lento proceso de renovación.

A pesar de ello, Aranda siguió apostando por la vinicultura como motor económico prioritario. Y de ahí que tuvo notables dificultades para superar los problemas por los que atravesó el campo ribereño a fines del XVIII y las graves epidemias de principios de la centuria siguiente. La situación se hizo aún más compleja cuando la Guerra de la Independencia puso de actualidad su potencial estratégico, convirtiéndose la villa en acuartelamiento de las tropas francesas y su entorno en escenario privilegiado para las hazañas guerrilleras.

Bernardo Antonio Calderón, obispo de Osma (1711- 1786)
Claro ejemplo de las dignidades eclesiásticas propulsoras de las reformas ilustradas. Intentó introducir importantes cambios en la agricultura de la Ribera, promovió la reforma de la catedral de Osma, propició la mejora urbana de la villa de El Burgo y construyó en Aranda un moderno palacio episcopal.

General Antonio Miguel Gutiérrez-Varona
(1729 – 1799)
Nacido en Aranda, a lo largo de su dilatada carrera militar obtuvo importantes éxitos y cargos: contribuyó a recuperar Menorca para el rey Carlos III y fue nombrado gobernador de Mahón en 1784 y gobernador de las Islas Canarias en 1791. Defendió Santa Cruz de Tenerife contra el almirante Nelson.