Aranda y la Ribera

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2.11. Las Riberas del Duero y el Arandilla

Aranda está asentada en el espacio de confluencia de tres ríos: Duero, Bañuelos y Arandilla, que han sido motor de desarrollo económico, fuente de goce estético y origen de preocupaciones en tiempos de avenidas.

A lo largo de los siglos, sus riberas se han ido incorporando a la vida urbana mediante la construcción de puentes y paseos arbolados como ámbitos de encuentro. Ya en el siglo XX se convierten en escenario de ocio y deporte.

La célebre jota segoviana, por el puente de Aranda se tiró, se tiró, se tiró el tío Juanillo, pero no se mató, hace alusión al Puente Mayor, sobre el Duero. Fue la entrada sur de la villa y hubo de ser reformado en numerosas ocasiones para adaptarlo a las nuevas necesidades económicas y sociales: desde soportar el paso de rebaños al rodar de vehículos y, como diría un arandino, “aguantar carros y carretas”.

Otros puentes dignos de interés son el de la Conchuela sobre el Arandilla, por su trabajo de cantería y esbelto arco medieval, y el Puente de Tenerías sobre el Bañuelos, cuyo ligero perfil alomado sitúa su origen en el Medievo, aunque su apodo más popular sea “puente romano”.

Ante posibilidades tan sugerentes, no es extraño que Aranda haya sido fuente de inspiración para muchos escritores, como demuestra esta estrofa de Rafael Alberti a su paso por La Ribera, bordeando el curso del Arandilla.

Rafael Alberti (1902-1999)
Destacado poeta de la Generación del 27, en su obra La Amante, de 1926, recorre parte de la geografía ribereña en su viaje de Madrid al Cantábrico, mientras narra una relación amorosa. Además de un viaje iniciático, esa composición poética es su canto de amor al Duero.

¡Castellanos de Castilla,
nunca habéis visto la mar!
¡Alerta, que en estos ojos
del sur y en este cantar
yo os traigo toda la mar!
¡Miradme, que pasa el mar!

Rafael Alberti