Aranda y la Ribera

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2.3. Iglesia de Santa María La Real

Es el edificio más representativo de la villa, ejemplo de su periodo de esplendor y centro sobre el que giró su expansión urbana.

El edificio actual sustituye a uno anterior, del que solo se conserva la sólida torre defensiva, posiblemente del siglo XIII. Su ambicioso proyecto constructivo ya estaba en marcha en 1439 y ha sido relacionado con Juan de Colonia.

Del exterior destaca el sobrio juego de volúmenes de la cabecera y su espectacular portada meridional. Tan monumental obra es fruto del impulso del pueblo arandino, la protección regia, como villa de realengo, y el apoyo del obispo de Osma, fray Alonso Enríquez. De ahí sus emblemas heráldicos.

Este magnífico tapiz de piedra está presidido por una imagen de María amamantado a su hijo. En él se resumen los principales momentos de la historia de la salvación cristiana y acoge multitud de imágenes de apóstoles, evangelistas, santos y santas protectores que son testimonio de las creencias, aspiraciones y temores de los arandinos.

Al interior, nos encontramos ante un amplio templo de tres naves y una cuarta nave al norte con varias capillas. Su esbelta arquitectura asume la mejor tradición del gótico burgalés. Impresiona su elegante concepción espacial reforzada por la luz que filtran sus ventanales y bellos rosetones con interesantes vidrieras de principios del siglo XX.

Son muchas las obras que merecen destacarse, como las elegantes capillas funerarias y la pila bautismal.

Especialmente sugestivo es el púlpito de nogal realizado, entre 1544 y 1547, por los escultores Miguel de Espinosa y Juan de Cambray. Otros trabajos de interés son la escalera de subida al coro y el gran Retablo Mayor de principios del siglo XVII.

Silverio Velasco (1881 – 1927)
Nació en Aranda de Duero, llegó a ser obispo y publicó en 1925 una de las obras más importantes de la capital ribereña: Historias de mi villa y mi parroquia.

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