Aranda y la Ribera

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3.1. Peñaranda de Duero

Su origen se remonta al proceso repoblador del Medievo y tiene sus primeras referencias documentales a mediados del siglo XI. Su desarrollo y esplendor deben relacionarse con la familia Avellaneda en el siglo XVI, emparentada con la poderosa estirpe de los Zúñiga y dueña de la localidad gracias al favor del rey Enrique II.

Mantiene un reconocido Conjunto Histórico Artístico, sus calles son estrechas y serpenteantes y cuenta con una arquitectura que combina la piedra y el entramado de madera. Sus mejores muestras se observan en la Calle Real.

En el aspecto arquitectónico, destacan monumentos nobiliarios presididos por el castillo. Diego de Zúñiga renovó la vieja fortaleza, siguiendo esquemas similares a la de Peñafiel. Fue así como la convirtió en emblema del gran auge que los Zúñiga Avellaneda estaban adquiriendo en la corte de mediados del siglo XV.

Palacio de Avellaneda

El palacio de los Avellaneda, construido en el XVI por Francisco de Zúñiga y su esposa María Enríquez, cuenta con una cuidada portada y un bello patio de delicadas columnas. Destacan sus estancias, que exhiben una de las mejores series de techumbres españolas donde se armoniza el gusto mudéjar con la ornamentación gótica o renacentista. Actualmente alberga una sala de exposiciones.

Frente al palacio encontramos un magnífico rollo jurisdiccional del siglo XV y la iglesia de Santa Ana, cuyas obras comenzaron en 1539 auspiciadas por la condesa doña María y finalizaron en el siglo XVIII. En su interior destaca el retablo mayor neoclásico, una rica colección de reliquias italianas y exquisitos ornamentos sagrados. También a doña María se debe la construcción del convento de franciscanas concepcionistas y el hospital de la Piedad.

En dirección a La Vid encontramos el convento de carmelitas descalzos de San José fundado en 1603 por los VI condes de Miranda quienes, cinco años después, fueron nombrados duques de Peñaranda.

Francisco de Zúñiga Avellaneda, III conde de Miranda (1475 – 1536)
Uno de los miembros más destacados de esta familia nobiliaria. Fue virrey de Navarra entre 1522 y 1529, consejero de Estado durante la ausencia de Carlos I y mayordomo de la emperatriz Isabel. Desempeñó una importante labor de patrocinio artístico en la Ribera del Duero, donde promovió con su esposa la construcción del palacio de Peñaranda y con su hermano la realización de la capilla panteón del Monasterio de la Vid.