Aranda y la Ribera

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3.4. Gumiel de Mercado

Sus tierras fértiles y su posición estratégica convirtieron a esta población en pieza codiciada por reyes y nobles. A finales del siglo XIV, Enrique II la entrega a Lope Ochoa de Avellaneda, pasando después a los Sandoval. Con este linaje, encabezado por el duque de Lerma, la localidad vive su etapa de mayor esplendor.

Su conjunto urbano es uno de los más bellos de la Ribera, conservando su parte más antigua junto a la cuesta de El Viso y su evolución medieval en torno a la Calle Real. A lo largo de sus calles todavía son visibles interesantes ejemplos de la arquitectura tradicional y también viviendas que fueron ocupadas por familias nobiliarias vinculadas al duque de Lerma.

Testimonio de su desarrollo son sus dos iglesias parroquiales: San Pedro y Santa María. La primera, más antigua, exhibe una singular torre y en su interior puede verse el sepulcro del presbítero Juan Sánchez, promotor de las obras. La de Santa María, situada en el extremo sur de la villa, destaca por su torre con el escudo ducal y el retablo mayor, de gusto barroco.

Las Iglesias de Santa María y San Pedro son ejemplos del esplendor de los siglos XV y XVI

Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, I Duque de Lerma (1553 – 1625)
Miembro de un destacado linaje nobiliario, a quien Felipe III concedería el título de I duque de Lerma, llegando a ser su valido.