Aranda y la Ribera

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4.2. Monasterio de La Vid

Monasterio de La Vid

La imagen de esta abadía, una de las más antiguas de la orden de Prémontré en España, se ha ido configurando a lo largo de ocho siglos.

Fundada en 1152, gozó de la protección de los reyes Alfonso VII y Sancho IV, además del apoyo de familias nobiliarias como los Zúñiga y Avellaneda. Cuando a principios del siglo XVI Íñigo López de Mendoza ascendió a la categoría de abad del monasterio, se abrió una época de grandes empresas artísticas hasta finales del siglo XVIII. Tras la desamortización, fue adquirido por los padres agustinos que recuperaron su antiguo esplendor.

El conjunto que ha llegado a nuestros días, organizado en torno a dos claustros, fue un activo centro de carácter espiritual, económico y cultural dotado de imprenta y una de las más ricas bibliotecas monásticas, hoy en uso.

La Vid nació como pueblo de colonos situado a las orillas del Duero, cuyo paso se practica a través de un puente que comenzó a construirse en 1532, por orden de Íñigo López de Mendoza. Prácticamente abandonado tras la desamortización, finalizada la Guerra Civil se levantó una nueva población para los vecinos de Linares, un pueblo segoviano cuyo núcleo desaparecería por la construcción de un pantano.

Sancho IV de Castilla (1258 – 1295)
Hijo de Alfonso X, subió al trono en 1284. Bajo su protección se renovó el templo románico de la Vid a partir de 1288.

Íñigo López de Mendoza (1489 – 1535)
En 1516 fue nombrado abad de la Vid. Reorganizó la vida del monasterio y, junto con su hermano, el III conde Miranda, promovió la construcción de su excepcional capilla mayor como panteón familiar.